Análisis 13/12/2016 por Santiago Luque

Análisis: Dishonored 2

La secuela por parte de Arkane Studios, desarrolladores de  la primera parte de Dishonored, llega por publicación de Bethesda como juego multiplataforma. Los mismos protagonistas vuelven a estar al mando de la saga intentando superar lo que lograron en el gran éxito que generaron en la primer entrega. El juego en primera persona que cumple con orientaciones varias, ya sea como juego de sigilo o como juego de acción desenfrenado para no dejar de lado las ejecuciones de enemigos, siendo así que tenemos la posibilidad de poder atravesar nuestros distintos objetivos de varias maneras. Tendremos en nuestras manos a personajes con habilidades sobrenaturales que conllevan a distintas utilizaciones, dándonos también así otras maneras de acabar con las misiones asignadas, ya sea de cualquier modo, como al jugador se le dé la gana. Podremos movernos en el mapa de varias maneras o ejecutar distintas acciones ante nuestros enemigos, dependiendo de cómo queramos encarar la situación.

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El título requiere un trabajo algo complejo para el usuario, porque podríamos decir que acostumbrarse a lo que vemos en pantalla puede ser algo difícil al principio pero que sin dudas a medida de que vayamos a avanzando las situaciones lo vuelven muy interesante y más disfrutable, por decirlo de alguna manera.

El primero juego contaba con Corvo Attano como protagonista, personaje de quien formábamos parte como jugador. Éramos acusados de haber matado a la emperatriz del imperio de las islas y en ese entonces se vio forzado a limpiar su nombre. La estructura del primer juego de la franquicia consistía en realizar misiones desde distintos puntos de vista y cada una de estas misiones tenía un objetivo que debíamos asesinar, pero aún así podíamos no hacerlo y completar el objetivo de todas maneras. Hoy en día nos encontramos con la segunda parte de Dishonored y es prácticamente el mismo juego: una ciudad principal llamada Karnak que cuenta con un mapeado semiabierto donde cada misión cuenta su historia en una parte distintiva de otra dentro de la misma ciudad, donde también deberemos matar al objetivo específico o dejar libre según nuestro antojo, todo esto anticipando que tenemos un lugar mucho más amplio a la entrega anterior para recorrer la zona como se nos dé la gana.

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Podemos ver la entrega original con una segunda parte, no es mucho más que eso el juego. Pero esto no está mal, porque las mecánicas del Dishonored funcionaban bien. Las estructuras son las mismas, con ideas iguales y la progresión no se siente diferente, sino más bien un calco. De alguna manera todo el concepto original de la primer entrega lo mejoraron en esta segunda parte, aunque no es algo que hacía falta pero sí que se agradece.

La trama del juego es un tanto cliché, sobretodo por el hecho de que se han revelado cosas bastante importantes desde el E3 2016 desde mi punto de vista, sacándole la sorpresa a varias cosas que podrían ser llamativas a la hora de jugar en tiempo real y encontrarse con dichos procesos nostálgicos, y la trama tampoco deja de ser algo insulsa. Ahora Emily Kaldwin, hija de la emperatriz asesinada en la primer entrega de la franquicia, está al mando del imperio sucediendo a su madre, con principal asesor a Corvo Attano quien es su padre. Familiar de Emily, más bien su tía primera, realiza un golpe y saca del mandato imperial a su sobrina para que ella ahora esté a cargo de Karnak, y desde este momento el jugador decidirá si quiere jugar como Emily o como Corvo. Acá radica un problema mayor, y es que el jugador pensará que el juego será rejugable ya que podremos contar con dos personajes para la campaña, pero en realidad no es como uno piensa. Lo que sucede es que no cambia demasiado la experiencia pasando el modo historia con un personaje u otro. No habrá cambios en la campaña, los diálogos y las interacciones siempre serán las mismas y no nos varía en nada. El juego está concentrado en que la rejugabilidad esté más en el modo de jugador que queramos ser mientras hagamos las misiones que en depender con qué personaje queremos pasar la campaña.

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Lo que me convence realmente de un título como Dishonored 2 es su mapeado y no sólo por lo estético, sino más bien por sus mecánicas. Dieron en la clave de conjugar tanto físico como funcional de una manera muy sutil y que el arte se deja ver de una manera espléndida. Más allá de esto, la infiltración por el área pega de muy buena manera con lo que vemos ante nuestros ojos, mantiene el interés del jugador debido a que ves lo variado que son lo mapas y siempre tienen algo distinto para nosotros y sorprendernos. Estamos ante escenarios contemporáneos, donde vuela la imaginación con nuestros poderes para darnos el gusto de poder ejecutarlos de manera tanto estratégica como, de alguna manera, artística.

Lo sucedido en las misiones es dentro de todo diverso, donde el equipo se anima a poder introducir nuevas mecánicas para darle una vuelta de rosca y que no sea tan monótono en todo sentido. Cada misión cuenta con una idea creativa original y que es independiente en sus mecánicas comparada con otras misiones, y esto ayuda a que todo se sienta variado.

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El sistema de Caos regresa en esta segunda parte, incluso con más consecuencias. Básicamente es un sistema que mide la violencia con la que nos manejamos en Karnaca. Los asesinatos aumentarán el Caos, lo que se dejará notar en el mundo con más ratas y otras consecuencias que marcan la influencia del Forastero en el mundo real. La personalidad de nuestro personaje también cambiará, cambiando los diálogos y mostrando una naturaleza más ruda y cínica. En cambio, un avance más pacifista mostrará un lado algo más amable dentro del tono general del juego, algo que en principio tendrá repercusiones en el propio final. No matar es más complicado que hacerlo, especialmente cuando nuestros personajes tienen habilidades para hacer desaparecer el cuerpo y que no nos suponga problema con otros enemigos. Estas opciones añaden a la rejugabilidad del título e incentivan a recorrerlo de diferentes maneras.

Ciertamente hay que decir que algunas habilidades están bastante desequilibradas, especialmente por parte de Emily y enfocadas al combate directo. Por ejemplo, Gran Alcance no usa mucho maná y la mayoría de enemigos no tienen ninguna contramedida efectiva contra ella; podemos ir despachando a un grupo entero de soldados usando esta habilidad sin que puedan hacer mucho al respecto. Paso Sombrío también es una habilidad que ofensivamente tiene poca defensa, ya que nos permite eliminar rápidamente de un golpe a cualquier enemigo, aunque sea de frente y en medio del combate. Al menos pide bastante maná y establece un límite de ataques que podemos usar antes de revertir la transformación, pero al mismo tiempo puede ser ampliada a tres ataques, lo que nos sirve para acabar con el grueso de la mayoría de grupos que nos enfrentamos. Si a eso le sumamos Dominó, la verdad es que Emily se convierte en algo realmente imparable.

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Jugando en Difícil encontramos el juego bastante sencillo en la faceta más ofensiva. Si no nos preocupamos del sigilo o de la vida de nuestros enemigos, la verdad es que no hay grandes dificultades en el combate por el momento. Como siempre, sólo cuando hay variedad de enemigos tales como perros, soldados y máquinas es cuando las cosas se ponen un poco más interesante. En este nivel de dificultad los enemigos golpean duro y moriremos rápidamente si no tenemos un control absoluto de la situación o somos rodeados, pero en general con un mínimo de preparación el juego es todo bastante asequible.

Dishonored 2 no es un mal juego, tiene una producción de lo más decente con todo lo que conllevó hacer su primer entrega, pero esto se sufre bastante cuando se los compara uno con otro (el primero con el segundo para ser exactos). La segunda parte es algo retenido que se vio en la  primera, y las adiciones que se le ha dado no son nada del otro mundo, todo tipo de diversión que tuve con el título es lo mismo que ha ocurrido con Dishonored original, fue difícil encontrar nuevos sentimientos. Como sucedía antes, la historia principal tiende más bien a lo simplista, dejando varias cosas detrás inaprovechadas.

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