Análisis 27/10/2016 por Santiago Luque

Análisis: Blue Rider

Este año el género Shootem Up se hizo ver en la industria en territorio argentino. Primero reconocemos Blue Rider en salida para PC en marzo, y luego podemos ver DOGOS que hizo un fuerte eco en todo el país. Ravegan, el estudio encargado de Blue Rider, se hizo cargo de dejarnos un apartado de jefes finales y un apartado audiovisual muy prometedor. La industria es cada vez más grande por estos lares.

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En este género jugable generalmente no se le da mucho hincapié a la narrativa de la historia, ni siquiera a la historia en sí. Somos unos rebeldes que debemos contrarrestar las fuerzas robóticas del bando enemigo que amenaza con la destrucción del planeta tierra. Simple, sencillo y que así sea, porque no hace falta mucho más; uno se sienta a jugar un Shootem Up, no a contemplar su historia, ni se interesa por los orígenes de ambas facciones o por qué estamos en dicha situación. Para muchos títulos modernos el hecho de que tenga una historia nula y casi inexistente puede resultar un punto muy negativo, pero eso no es lo que busca el juego. Ravegan hace que volvamos 20 años atrás y podamos revivir experiencias pasadas, donde la fórmula “pick and play” funcionaba de maravilla, y buscan que hoy siga sosteniendo diversión pura y dura independiente de la historia en cuanto a jugabilidad y mecánicas.

El juego te sitúa en ambientes simples, con el detalle justo (en algunos momentos casi escaso de objetos decorativos) y que no nos hace complicarnos dentro del entorno en el que nos encontramos. La parte detallada se destaca en los enemigos, las naves y sobretodo los jefes finales. Los jefes tienen su toque, cada uno diferenciado del otro tanto en aspecto como en habilidades, y esto es una de las claves de su éxito en lo jugable: el juego no es monótono en absoluto en algunos aspectos y seguimos hacia adelante con gusto.

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Ya sumergidos en el juego, nos encontramos con un control jugable simple y que no necesita más. El arma principal de nuestra nave son disparos concentrados que funcionan como una especie de gatling y se usa para atacar de manera efectiva a una nave a la vez. Nuestra arma secundaria son los misiles teledirigidos para cuando las cosas se pongan difíciles y necesitemos un poco de espacio. En cuanto a movimientos podremos desplegar una especie de turbo que nos dejará esquivar mejor los disparos de los enemigos, y con éste también podremos acelerar. El juego incita a usar de forma variada esta habilidad pero no es lo más recomendable para avanzar en el camino debido a que podremos terminar dentro de oleadas de enemigos y perderemos vida sin piedad.

Blue Rider destaca en su su elevada dificultad, en donde nuestros reflejos se pondrán a prueba a cada segundo. Esto se debe a que por una parte los enemigos nos inundarán con proyectiles a todo momento y porque recibimos muy poca ayuda durante nuestra partida. Pero esto supone algo negativo en lo que va del análisis. No es un juego de lo más desafiante por parte de la inteligencia artificial del juego, solo que no contaremos con muchos recursos para acabar con los enemigos, y esto se vuelve algo frustrante a la larga. El combate es difícil para el jugador y algo monótono porque nos pasaremos la mayoría del tiempo esquivando las balas que nos llegarán, y varias veces son grandes lluvias de multiproyectiles. Nos encontraremos con kits que nos darás más salud, pero no ayudan en absoluto porque dan muy poca vida, y ya de por sí es difícil encontrar el glorioso paquete “salvador”, porque saldrán al azar si derribamos a un enemigo.

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Algo frustrante y que no tiene ningún sentido es que una vez muertos el juego fue programado para mandarnos otra vez al menú principal de éste. No tendremos la chance de continuar desde el ultimo checkpoint ni nada por el estilo. Si bien los escenarios se desbloquean una vez terminados, eso se consideraría una especie de continuación, esto sirve de poco y nada, en especial por los jefes de cada nivel que no nos van a dar un respiro, y peor cuando sus ataques son capaces de matarnos de un solo golpe. Si tan solo tuviéramos vidas extras o alguna forma de continuar el nivel en donde morimos en lugar de empezar todo de nuevo, sería menos pesado. Esto a la larga se vuelve muy frustrante y al final termina cansando ver una y otra vez el mismo nivel.

Y acá nos ponemos a pensar que el juego es difícil pero no de la forma en la que uno quiere. La IA puede ser desafiante, pero es injusta y frustrante. Será bien reconocida en cuanto a programación, pero las mecánicas enemigas hacen que dejemos de querer seguir jugando.

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Blue Rider llega a darnos un buen reto y a simple vista acompaña al jugador para que se divierta. Una vez sumergidos puede volverse muy frustrante por las mecánicas enemigas y cómo nos pone absolutamente todo en contra. Aún así podremos destacar otros aspectos en distintos apartados: divertido si somos jugadores pacientes, un espectáculo visual del más competente y desafíos rápidos y sencillos. Los controles son fluidos y funcionan bien, adaptando al jugador de la manera más rápida posible apenas empecemos a jugar.

  • Harold Molina

    Esta en español?

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